viernes, 3 de septiembre de 2010
Nueva York 2010, First Street Gallery
Los artistas que ahora integran el grupo Artifex, comenzaron a reunirse hace ya cerca de cinco años en un taller en pleno centro de la Ciudad de México, un barrio que destaca por su pluralidad cultural, casualmente este grupo se define también por su carácter heterogéneo. De hecho fueron más sus diferencias y no sus similitudes las que hicieron que cada uno de ellos se acercara a los otros.
No pasó mucho tiempo, sin embargo, para que tuvieran claro cual sería la dirección de su trabajo: el arte moderno había sido un movimiento de continuas rupturas, una corriente se afirmaba negando las que la precedían; ellos por ello contrario, han tratado de hacer una pintura que sea el resultado de las corrientes anteriores.
Otro punto importante es el interés que han tenido por rescatar las técnicas de la pintura clásica haciendo de ello un quehacer cotidiano. De este modo, Artifex ha tratado de unir el “dreeping al pentimento”.
El siglo XX comienza con las grandes individualidades y concluye con la gestión de grupos…. Por fin se rompe el tabú de que la colectividad no contamine la individualidad creativa, por el contrario, no hace otra cosa que enriquecerla.
Esta es la segunda vez que Artifex nos visita, trayéndonos una muestra de su expresión plástica.
Tomás Gómez Robledo
Nueva York 2010
Artiflex
The artists that are now part of the Artiflex group started getting together five years ago in a workshop at the very center of Mexico City; a neighborhood that emphasizes the cultural plurality of the city. This plurality coincidentally defines this group for its heterogeneous character. In fact, it was more the differences and not the similarities that brought closer the members of the group.
However, it did not take long for them to visualize the direction of their work: modern art had been a movement of continuous breakdowns, a movement took place denying the previous one; this group, on the contrary, has tried to make a painting that is the result of the previous movements.
Another important point is the interest that they have had in rescuing the techniques of the classic paints making it a daily task. In this way, Artiflex has tried to unite the “dripping” to the “pentimento”.
The XXth century begins with the great individualities and concludes with the forming of groups…. Finally, the taboo that the collectivity pollutes the creative individuality is broken; on the contrary, it only makes it richer.
This is the second time that Artiflex visits us, bringing a sample of their plastic expression.
Tomás Gómez Robledo
New York 2010
martes, 20 de octubre de 2009
miércoles, 20 de mayo de 2009
2008 Exposición Infonavit
Cuatro paredes son testigos mudos de la cotidianeidad de nuestra casa.
Entre sábanas revueltas, ruidos de electrodomésticos, riqueza manifiesta en comodidades o la pobreza simple de la mayoría de las viviendas mexicanas, va sucediendo la vida y nuestros recuerdos van tomando forma.
¿Quién puede borrar de su memoria al abuelo sentado en el sillón de siempre? o ¿el olor de la sopa caliente al llegar de la escuela con el estómago vacío que lleva horas de espera después del gansito del recreo? Recuerdos que se funden con el sentimiento de una historia perdida que no podemos recuperar más que en sueños.
Esta debe ser la causa por la que tarde o temprano la casa se convierte inevitablemente en el centro de la disputa familiar. Se oye con frecuencia el caso de la herencia no resuelta, o el de los divorciados que se jalonean por el “bien común”. Y más frecuente, el padre que no deja de sermonear que la consiguió con “el sudor de su frente”.
También los recuerdos más insignificantes entran en esta discusión. Objetos impregnados por la pátina de los antepasados y que son el pasaporte para pertenecer a una sociedad de buenas costumbres.
La casa, el nido donde nos refugiamos de la hostilidad exterior y donde construimos nuestras historias de amor y desamor, nos lleva a idealizar esta construcción de cuatro paredes que convertimos en castillo de cristal.
Que nada empañe la felicidad que nos da el poseerla. Que no se marchiten las flores que la adornan, y que por favor... ¡no grite nadie! pero sobre todo que no venga la muerte de visita, mejor que toque el timbre del vecino que nadie soporta. Aquí sólo se guardan recuerdos maravillosos. Los golpes, las carencias, la mugre son cosas que guardamos celosamente en el cajón más recóndito, junto al otro, el del baño compartido y el de las intimidades repugnantes.
La casa. Recuerdo también de nuestro primer dibujo infantil: blanca generalmente (nunca verde pistache o rosa, como abundan en esta ciudad), con dos ventanas que parecen ojos, cubiertas a medias por cortinas que la hacen parecer melancólica. Y la puerta al centro, como una boca. El cielo azul y nubes blanquísimas de donde siempre asoma un sol sonriente.
Esta es la imagen que rescatamos de nuestra memoria cuando ponemos todo nuestro esfuerzo por tener una casa que nos asegure justamente eso, el ser felices para siempre.
miércoles, 13 de mayo de 2009
2008 Exposiciones
RETRATOS DEL CENTROCASINO ESPAÑOL
El 7 de abril de 2008, se inauguró la exposición "Retratos del Centro" en el Casino Español de la Ciudad de México. La inauguración estuvo a cargo del maestro Gilberto Aceves Navarro, Premio Nacional de las Artes, quien manifestó de una manera muy sencilla y emotiva el orgullo que le representaba el que los artistas expositores hayan sido sus alumnos.


Muestra de la obra que se expuso
miércoles, 6 de mayo de 2009
Semblanza
Pintar hoy —siglo XXI— al temple, nos significa retomar
el hilo conductor que se rompió con el advenimiento
de los avances tecnológicos que permitieron la
evolución de la “industria del color”; aunado al “desdén”
que el “pintor” mostró por el aspecto más manual de su
quehacer, aquel que despectivamente lo acercaba al
extremo “artesanal” de su oficio, mismo que, por otro
lado, propició el desarrollo de un pensamiento y una
sensibilidad tan estrechas con lo esencial, con lo que
es el espíritu de la pintura: el color, que, dicho sea de
paso, es materia.
Así, el pintor, en su afán por “liberarse” de su
apesadumbrada relación con la materia, renuncia a la
pintura hecha a mano para dar rienda suelta al rigor
técnico de otro orden, apareciendo en escena la imagen
del bohemio, aquel que se consagraba en cuerpo y alma
única y exclusivamente a su proceso “creativo”, abriéndose
con ello una brecha que a la postre resultó abismal.
En México, se han construido algunos puentes con la
intención de transitar esa brecha. La historia reconoce
la labor de Diego Rivera en la recuperación técnica del
arte de pintar los muros (la encáustica y el fresco) como
en antaño: con el involucramiento con la materia. Por
su parte, Vlady hace un trabajo equiparable en la pintura
monumental y de caballete, recuperando el empleo del
temple como principal medio pictórico, tal como en los
mismos orígenes de la pintura.
El legado que Vlady (Vladimir Kilbalchich) nos ha dejado
directamente es el resultado de una “amorosa” actitud
al color, que se mantuvo constante durante toda una
vida, conclusiones técnicas, “caminos cortos” (economía
de procesos), pero sobre todo aprender a ver pintura,
“verdadera pintura” como él solía decir.
En Artifex, sin falsa modestia, nuestro compromiso es
con ese hilo conductor de estrecha cercanía a la “lógica
material”, con la intención de que nos permita potenciar
el proceso creativo que personalmente cada quien
desarrolla, y con ello fomentar el tren esos puentes que
hoy aún están escasamente recorridos.
Taller Artifex
Mayo, 2008
